Manaos, Navidad de 2017. Mi mochila y yo nos acomodamos en la segunda cubierta del Dona María, con la intención de navegar hasta la frontera colombiana a través del rio Amazonas. Debajo, los encargados de bodega discuten entre ellos sobre el límite de carga del navío, aun así, no dejan de ingresar todo tipo de objetos, desde repuestos de automóvil hasta pollos en jaulas.

La embarcación no tiene paredes, desde la línea de flotación solo se levanta un armazón de columnas y tres niveles que hacen a la vez de techo a los pisos inferiores. Allí, entre la estructura, turistas y locales encuentran lugar para amarrar sus pintorescas hamacas formando una combinación de colores propia de una postal, o de un hormiguero, según quien lo vea.

-Bienvenido!!! -exclama alguien por una ventana del cuarto de mando-. Llevado por la curiosidad golpeo la puerta y me recibe el capitán, y aunque reconozco que por su aspecto no parece tal, las insignias en su camisa y su pomposa presentación lo confirman:

-Pase!, Bienvenido a mi mundo flotante!, soy el Capitán Souza- mientras estrecha mi mano y ríe por cuestiones futbolísticas al contarle que soy argentino.

-Igualmente no presto mucha atención a esas cosas -agrega y continúa- Ya he perdido la cuenta de los años que llevo en este barco sin pisar la ciudad desde que lo perdí todo por el alcohol.

-Me deja más tranquilo capitán…….

-Esta embarcación pasó a ser mi refugio, mi universo. En ella tengo una pequeña representación del mundo entero. Podría hablarle de la capacidad de carga de esta belleza..

-Sí, yo también quisiera porque resulta que abajo están…

-O de la cantidad de personas que puedo trasladar. Sin embargo hace mucho que solo calculo el peso de sus almas, allí está el verdadero límite del Dona María.

-¿El peso de nuestras almas? Pregunto descolocado, ya que esperaba algún dato técnico que me deje más aliviado sobre aquello de la capacidad de carga.

-Si, como has oído. Siempre intento que mi barco no transporte más peso del que puede soportar, solo que lo calculo distinto. Con nuestras vidas ocurre lo mismo, debemos estar atentos a las cargas extras, ya que pueden hacernos encallar y muchas veces hundir.

-Capitán, disculpe pero, -¿Hace mucho dejó aquello del alcohol?-.

-Ja! Solo tomo unas copitas en ocasiones especiales, por ejemplo en Navidad-. –Tengo un Whiskey doce años que….-mientras mete la mano detrás de su asiento-…

-No! no, está bien Capi. Creo que iré a colocar mi hamaca-.

Regresé a la cubierta y no pude evitar comenzar a observar sugestionado por aquellos dichos del capitán Souza, intentando calcular el peso del alma de aquel padre que juega con su hija en la hamaca negra a cuadros verdes, la niña con los pies negros de tanto correr descalza ríe a carcajadas, parecen felices. Dudo que sus almas nos hundan.

Afuera, apoyado sobre la barandilla, un cincuentón no deja de protestar luego de enterarse que la salida se encuentra demorada y que por siete días (fueron ocho) no tendrá señal telefónica para ver su facebook.

Mientras tanto, a escondidas en el baño, una mujer morena con el pelo atado en cola, levanta su falda amarilla y tiene sexo con un hombre joven a quien no puedo observar bien, dado que la puerta solo se entre abre por instantes, debido el vaivén de las olas.

¿Tendrán alma? ¿Creerán en algún dios?. Quizás la señora del fondo con una cruz de oro sí tenga. Puede que todos ellos hagan una especie de contra peso y se equilibren como diría el capitán, evitando que zozobremos.

Horas después, el barco suelta amarras y salgo disparado a la cabina para plantear mi dilema. Sorprendo a Souza vaso de whiskey en mano y sin mediar formalidad arremeto:

-¿Es mejor que sea liviana o pesada?

-¿Eh?, ¿Qué cosa? Responde, arrugando las cejas en clara señal de que había olvidado nuestra conversación.

-El alma Souza!, Su peso!, ¿Tiene que ver con la bondad?, ¿Es respecto a Dios verdad?-

-Ah! Si! –agrega suspenso al beber de un sorbo su Black Label- Me tomó tiempo entenderlo, pero a lo largo de los años uno incluso reconoce quien sería capaz de hundirse por salvar sus pertenencias o mantener sus prejuicios, lo mismo da. Esas almas son las que pueden hundir mi barco, su propia vida o la de quienes tienen cerca.

-¿Pero es eso posible? Digo, reconocerlos.

-Claro! No tiene que ver con un dios y la cantidad de veces que le reces, el peso del alma es una cuestión de arraigos, querer que cosas sean eternas cuando ya están terminadas. Puede ser algo material, una relación sentimental, un prejuicio moral o una práctica perjudicial, cualquiera sea, hacen que soportemos situaciones que en verdad podríamos cambiar y sin embargo nos mantenemos encadenados a ellas por el peligro a lo desconocido.

-¿A veces es más peligroso permanecer que cambiar no?- Interrumpo el discurso-

-Es esa carga extra la que en verdad boicotea nuestro bienestar, nos hunde en el conformismo y dificulta poner en movimiento el cambio por el riesgo a perder lo que creemos tener. Igual que a mi pobre Dona María, fue difícil echarla a andar con semejante carga. Salgamos a recorrer las cubiertas-.

-Verás amigo -mientras cumple con la cuota de suspenso al encender un cigarro- los peores males del ser humano son por un lado la codicia. Ella genera un inconformismo permanente, dedicamos más tiempo castigando nuestros errores que disfrutando nuestros logros. ¿Acaso no ves como prolongamos las tristezas y hacemos efímeras nuestras alegrías?.

Por otra parte, el ego también agrega peso al alma, y a este barco claro. Es el encargado de matar la empatía, de alejarnos como humanos, de que seamos capaces de disfrutar una comida, aún frente a un niño que muere de hambre. Ofrecemos diezmos en las iglesias y negamos una ayuda a un vagabundo, nos vuelve indiferentes a todo problema que no sea el nuestro. No quiero gente así en mi barco, y tú tampoco deberías mantenerlas en tu vida, naufragarás si te unes a ellos.

-Dejemos esto por un rato, pronto será nochebuena y quiero presentarte a alguien muy especial.

-¿Ves a esa morena?, ¿con falda amarilla y cabello atado?

-María!, Ven! Conoce a mi amigo, es de Argentina! –grita y se inclina hacia mí- mientras ella se dirige a nosotros:

-Es mi enamorada, en honor a ella es el nombre de mi barco,  pronto le propondré casamiento, quiero que nuestra luna de miel sea en tu país, ¿no es casualidad?-…

Afortunadamente la teoría del capitán estaba incompleta, yo fui incapaz de preguntarle si la traición podría alterar el peso del alma de su amada y el delicado equilibrio del Dona María.

De haber llegado a conocimiento del capitán, aquel engaño de María nos hubiese hundido sin dejar rastro.

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