Dicen que los verdaderos viajeros no son aquellos que se van, sino los que saben cuándo es tiempo de volver.

Creo que nos transformamos en verdaderos viajeros no cuando decidimos salir, sino cuándo reconocemos que necesitamos entrar y recorrer nuestro país interior. Cuando sabemos ver y sentir en el adentro la necesidad de caminar por lugares donde saben llamarnos por nuestro nombre, aunque nos vean cambiados.

Bueno, cambiados es un decir, porque hay cosas que nunca cambian. Sigo siendo el mismo que sufre de dolores de estómago si se pone nervioso, el que se hunde en inseguridades antes de tomar una gran decisión y el que mezcla ketchup con mayonesa cada vez que puede.

Quiero volver y pagarle al corazón lo que le debo, por latir en tantas soledades, para terminar de desintegrarme y lavar con abrazos todas las ausencias.

Porque el viaje también tiene eso, aunque te quieran vender otra cosa. Viajar es descubrir y aceptar impotente que a todos los hoteles siempre les va a faltar una estrella porque no podés compartirlos con quién quisieras.

Vuelvo porque quiero tomarme un café con todo lo que viví y ordenarme los sentimientos. Porque quiero saber si entre tantos aviones no me olvidé de cómo abrazar.

Y reconozco que idealicé, planifiqué y fantaseé con la idea de mi primer vuelta a Argentina de muchas formas pero en todas terminaba siendo difícil.

En fin, la cosa es que vuelvo porque a veces se nos ensucia la vista y las ciudades se cubren de una neblina que le quita el sentido a todo. Necesito tranquilidad para continuar con el libro ya que cuando un capítulo se acaba, como «escritor» uno debe revisar nuevamente el inicio y el final de lo que escribe, porque es ahí donde se suele mentir más.

Por eso, acá está mi intento por contarles la verdad. Que casi puedo escuchar a mi vieja llamarme por una ventana:

-Ro! Deja de jugar y vení a comer!!!
-Ufa ma!!! pero un ratito más!!
-Si!!! entrá a casa hijo y después volvés afuera a jugar

Ir a casa ese ratito y después volver a la calle a jugar… Nunca pensé que hoy, recién 30 años después entendería esa frase.

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