Entra mi compañero de cuarto y me pregunta como cada vez que me ve con la mirada perdida en la compu:

-¿Y Rodri? ¿ya escribiste algo?

-Puff, imposible. A veces pienso que quizás nunca me tendría que haber metido en esto….

-Uhh, ¿y ahora que te picó? ¿metido en que? ¿lo de estar lejos de Argentina?

-No, no es eso. Hablo de la página. Hace un mes que no me sale una palabra, siento que no tengo nada para decir.

-¿Y esa foto? – pregunta cortándome el auto reproche –

-Es la foto de un pibe egipcio, hace rato intento recordar su nombre y enfocarme en la noche que lo conocí pero no puedo.

El calor de El Cairo era demasiado, y ahora que estoy a miles de kilómetros de distancia viendo nevar, lo veo como un personaje de un mundo imaginario, mínimamente de otra galaxia. Llega un punto en donde tengo miedo de estar olvidando cosas en el camino.

-Eso! Quizás Terapia Nomade o como se llame, es eso, un intento por no olvidar ciertas cosas.

-No, no se en verdad lo que es aún. En fin, me cuesta. Esa noche el termómetro daba casi 38 grados, y ahora acá estoy a 5 bajo cero, no puedo, no puedo recordar.

-No seas boludo Rodri, ¿cómo haces para hablar de personas que ya no están o de historias de amor que se hicieron humo?

-Que se yo, intento recordar primero una sensación, un olor o un sonido.

-Bueno eso!, con esto es igual!

-Me acuerdo que ese día me encontré con un inglés que me dijo algo así como que recorrer las calles de El Cairo era como respirar dentro de una bolsa. Eso mismo sentía cuando caminaba por las calles del casco histórico, rodeado de los bazares de Jan el jalili.

-No se si pondría lo de la bolsa, pero el que intenta ser escritor sos vos…

-Es que no se si lo decía por la temperatura o por los techos de lona que se atravesaban por los callejones y cortaban el aire. Todo tipo de telas también colgaban, alfombras y vestidos se impregnaban del olor a maíz asado y los niños correteaban entre los pisos teñidos de rojo sangre por los desechos de una carnicería cercana.

-Buah… listo, no quiero saber más, sos un pésimo escritor, sabelo. Mejor bajo e intento cenar, aunque sinceramente eso de la sangre me revolvió el estomago.

Mientras tanto aquella noche, un vendedor de inciensos perfumados se metía entre la gente con un candelabro humeante y recolectaba monedas de los comerciantes que agradecidos por el renovado aroma pagaban sin chistar. – shukraam, shukraam, gracias gracias decía –

Detrás de él, otro ambulante ofrecía té caliente con una hojita de menta para los comerciantes. Es que resulta que en esos países, si la compra es de importancia, la puja pasa a una pequeña mesita en medio de la calle donde bebida mediante y a los gritos la gente intenta ponerse de acuerdo con la compra-venta.

Sorpresivamente alguien toma de mi brazo por detrás y me dice «Amigo amigo, a mi hijo, mi hijo, foto» señalando la esquina. Aquel hombre se dirige a su hijo y comienza a sacudirle el polvo de la ropa. Moja su dedo pulgar y le quita unas manchas de la cara. Lo peina, toma brevemente distancia y lo observa, como chequeando el look, vuelve y lo peina otra vez, ambos ríen.

Su padre sale del plano, husmea por detrás la pantalla de mi teléfono y grita Foto! Foto!.

Satisfecho me da la mano y me dice «Mi hijo, no olvidar»…..

(Dedicado a ellos dos, parte de un país hermoso que supo ser enorme y prospero. Víctima de usurpadores desde tiempos romanos. Hasta el mismo Napoleón llegó y tomó como trofeo estructuras invaluables que hoy se exponen en museos lejanos de su origen. Mismo destino corrieron tesoros Incas y Mayas que hoy son exhibidos en Vienna, Madrid y tantos más. Devuelvan a los pueblos lo que han robado).

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