Los platos sucios se acumulan a mis espaldas de la misma forma que durante estos meses las palabras se fueron apilando en mi cabeza.  

Muchos dicen que solo deberíamos romper el silencio para decir algo que valga la pena y me lo tome en serio.  

En esta época de mochileros en extinción, de mochilas en armarios, de planes de viajes firmados con un «ojalá sea pronto» tomé la decisión.  

Me acuerdo hace unos años, cuando hablaba con mi amigo Gabriel sobre mis planes de «viaje», mirábamos el mapa colgado en la pared: 

-¿Y estos puntitos son los lugares por los que pensás pasar? -me preguntó mientras dibujaba con el dedo una línea imaginaria cruzando el Atlántico-

-Si, de a poco. Debería ir viendo paso a paso, según como salgan las cosas. 

-Pero…¿a dedo? ¿con poca plata? eso puede tomarte años!…. 

-Si… más de lo que podemos calcular le respondí ¿Pero te imaginas un año entero viajando?…

-Estás loco Rodri, esto mínimo son tres años… -me miró preocupado- Si llegás a estar todo ese tiempo afuera hasta tenés que escribir un libro… 

En fin, puede que él no recuerde la conversación, acá en Portugal los platos no se acomodan solos y las ideas tampoco. Se han casi 4 años de aquel primer camión que me sacó de Rosario y voy a hacer lo que me dijo Gabriel, intentar  escribir aquel libro. Lo haremos entre todos, como este camino, contando las historias que merecen romper el silencio.

Todos queremos ser encontrados de alguna forma, de un cierto modo, por sorpresa en algún lugar, en un café de la antigua Cartagena, cruzando el Danubio sobre los puentes helados de Budapest o en Rosario esperando el 153 por calle Corrientes con un calor de novela. Ser encontrados así sin más sobre todo por nosotros mismos de entre todos los papeles de una mudanza.

Le cuento a mi vieja que Porto sigue frío, que llueve mientas intento atrapar un viejo tranvía que me recuerda a Taksim y que el libro está estancado desde el prólogo. Yo sé que el tiempo escribirá un gran argumento por eso aún estoy esperándolo, para que me dé esa buena razón del porqué nos pasa esto, a mi… a todos. O mejor dicho… el para qué.

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