Llevo en este edificio casi cinco años, y desde el primer día su característico aroma de cigarro me invitaba a salir a verla.

Durante mis épocas de estudiante fueron cada vez mas frecuentes las citas indiscretas que ambos nos dábamos en el balcón al caer el sol, que luego de un tiempo se transformaron en una gran compañía a pesar de que ella nunca me hablaba.

En todo ese tiempo siempre había estado ahí, escondida detrás del telón que formaban sus cortinas a lunares, como esperando esos minutos de fama ante mi, su único pero fiel espectador. Aletargada en el tiempo, casi reducida a una repetición diaria de idéntica rutina, con sus manos testigos de más de ochenta otoños,  encendiendo uno tras otro sus perfumados cigarros, mientras perdía en el horizonte su par ojos claros.

Jamás pensé en hablarle, quizás porque sentía que «nuestro» espacio era eso, un instante de silencio, una breve provocación a la reflexión platónica,  donde ambos nos dejábamos encantar por las ultimas luces del atardecer.

Días atrás sentí, como nunca antes,  la inusitada necesidad de verla, es que toda esa semana, posterior a graduarme en mis estudios, había estado esperando una señal para continuar con mi loca idea de dejarlo todo y viajar o abandonar la utopía y comenzar con lo que la gente acostumbra a llamar «lo normal».

Esa vez, a pesar de mis esfuerzos llegué tarde, pero ella entendió mi demora con una sonrisa al verme atravesar la ventana como quien escapa de un incendio y tras unos minutos hizo lo impensado; reposo su mirada sobre mi y me preguntó:

-«¿Ves aquel nido de pájaros?»

-«Si», le respondí, aun movilizado por escuchar por primera vez su voz.

-«Es increíble, esos pequeños pajaritos hace días que esperan volar pero aún no descubren las hermosas alas que llevan consigo».

Me sonrió una vez más, apagó su cigarro a medio terminar y desapareció tras el telón a lunares para siempre.

Desde aquel día jamás volví a verla, creo que ella por fin descubrió sus alas y me dejo el aroma de su tabaco por las tardes, para recordarme que yo también debo encontrar las mías.

Hasta Pronto Gloria.

CONTACTO: terapianomade@hotmail.com

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

diez − 1 =